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Sáb, 19/05/2012 - 10:00
Luis García Miró Elguera
Trascendentes declaraciones publicó el lunes EXPRESO del legendario líder aprista, Armando Villanueva del Campo. Su arenga necesariamente repercute en la opinión pública. Porque se trata de un veterano político con astucia, solera y personalidad; pero, sobre todo, con una autoridad moral muy pocas veces vista en el currículum de un dirigente nacional. Villanueva del Campo es un político honesto. De él podrá opinarse que tuvo tal o cual iniciativa equivocada. No obstante durante ocho difíciles décadas Villanueva ha desempeñado múltiples jornadas políticas con entereza que sobrecoge, superando incluso serios trances en la salud. Y cada jornada suya la ha cincelado con una marca clara: principios. Basta pues la honorabilidad de Villanueva para que su opinión merezca ser sopesada. Sobre todo por quienes le han tomado la posta a aquella generación dirigencial –a la que él pertenece– de comprobado coraje.
Luis García Miró Elguera
Difícil predecir el futuro inmediato –peor aún el mediato– del régimen Ollanta Humala. El facilismo –más grave, el infantilismo– de nuestra clase dirigente, política, empresarial y gremial hizo que la sociedad asuma el triunfo electoral del actual jefe de Estado como una simple continuación de los gobiernos de centro que ha tenido el país desde 1990. Tamaño error. En esta columna siempre hemos sido escépticos al respecto. Por línea de carrera, por antecedentes genéticos, por su entorno amical y activista; es decir, por sus cuatro costados el presidente Ollanta Humala es hombre de izquierdas. Su propia trayectoria política; su mensaje encendido y soliviantador a lo largo de dos procesos electorales; y su plan de gobierno “la gran transformación”; todo aquello apunta a una misma dirección: el socialismo.
Luis García Miró Elguera
Un escándalo incalificable ha cometido la Comisión Permanente del Congreso al provocar una acusación constitucional contra el estupendo ex ministro de Economía y Finanzas, Luis Carranza.
Si el Perú goza de buena salud económica en este momento se debe, en parte muy importante, a la labor que desplegó Carranza al frente del MEF durante la segunda gestión de Alan García.
Los ministros de Economía no deben ser contemplativos. El dinero que manejan es de 30 millones de peruanos. No es broma. Por el contrario, aquel jefe de las finanzas fiscales que muestre actitud progresista o generosa ante la presión social será el peor enemigo que pueda tener la sociedad. Los cajeros del Estado han de ser severos y rigurosos con la plata de los contribuyentes. Y eso es lo que hizo Carranza durante el régimen anterior, y lo que está haciendo el correcto ministro Castilla en este primer tramo del gobierno de Ollanta Humala.
Luis García Miró Elguera
Luis García Miró Elguera
Comentábamos ayer la perfecta sincronización chavista que transpiran ese par de actitudes antiespañolas ejecutadas por dos países hoy gobernados por regímenes adictos al impresentable Hugo Chávez. Por un lado Bolivia, “nacionalizando” la Red Eléctrica Española; y de otra parte Argentina, haciendo lo propio con YPF, la rama sudaca de Repsol. Ambos procesos obedecen a la vendetta del impresentable, tras aquel sonoro “¿por qué no te callas?” que le espetara cinco años atrás el Monarca ibérico. Chávez ha esperado el instante oportuno –el actual cataclismo económico español– para vengar la humillación internacional que sufriera en aquel momento.
Luis García Miró Elguera
Luis García Miró Elguera
Es inútil esconder la verdad. Una verdad monumental que el gobierno pretende disimular, que los políticos ansían ignorar, y que la mayoría de medios de prensa opta por callar. El VRAE es territorio liberado. De eso no cabe un ápice de duda. El terrorismo –aliado estratégica y coyunturalmente con el narcotráfico– mantiene esa zona bajo suimperio. El Estado peruano no existe en el VRAE. El ingreso y la salida de miles de toneladas de insumos –de obvia presencia, como kerosene– lo maneja sendero luminoso en base a cobrarle cupos a los productores de cocaína.
Luis García Miró Elguera
Flaco favor le hacen a Latinoamérica los gobiernos chavistas que –como consecuencia del desastre económico que vienen generando sus propuestas nacionalistas– se han dedicado a “estatizar” empresas extranjeras para encubrir sus yerros. Para eso siguen la política del impresentable Chávez, padrino del descrédito regional. Venezuela es un caso clínico. Allá arrancó la fiebre confiscadora de las inversiones foráneas. Lo que se ha producido después es el contagio continental de unas malas prácticas que se escudan en las nacionalizaciones para disimular el fracaso forjado en función al clientelismo, el populismo ultramontano, y el viejo estatismo de las tiranías sudacas. Argentina, Bolivia y Ecuador están dominados por la política “bolivariana”, aquel bodrio que impulsa nacionalizar los sectores clave de la inversión extranjera. Empezando por el energético. Recordemos que acá Velasco Alvarado hizo lo propio el año 1969 con la petrolera IPC. Aunque años después pagó en secreto una fortuna por aquella “nacionalización”, vergonzosamente presionado por Estados Unidos.
Luis García Miró Elguera
Es fenomenalmente procaz la capacidad de mutación que tiene la izquierda. Suele virar tan campante 180 grados en sus prédicas y continuar con el mismo discurso políticamente correcto. Lo negro lo convierte en blanco y luego lo blanco en rojo. Y no pasa nada. La cosa es navegar en aguas donde pueda hundir al enemigo. Allí la zurda se comporta como campeona… de la hipocresía, desde luego. Sus teorías pueden ser tan elásticas que lo que hoy es bueno mañana es un crimen. Es cuestión del cristal con que lo mire. Y, sobre todo, de lo que más convenga a su objetivo: el poder. Esa cara meta que no deja de perseguir mañana, tarde y noche. Eso sí, los izquierdistas son muy firmes en su norte: monopolizar el poder, pero a la vez son inescrupulosamente sinuosos en cuanto a las formas. Allí desbarran.
Luis García Miró Elguera
Nadie critica la doble cara de los ambientalistas–criollos e internacionales– cuando se abalanzan sobre algún proyecto, iniciativa o emprendimiento que provenga del sector empresarial. Tampoco nadie se enfrenta a la amenaza ecológica que generan las masas manipuladas por el socialismo anti inversión privada. Cuando las oenegé verdes deciden concentrar todas sus baterías para paralizar o, peor todavía, para arruinar a alguna empresa formal, son habas contadas quienes salen a defender al emprendedor. ¿La causa? Es políticamente incorrecto identificarse con aquellos a quienes las oenegé verdolagas acusan de “atentar contra la ecología que pertenece a la humanidad”. Porque lo que pretenden estos entes es ideologizar la actividad productiva, calificándola de antemano de nefasta mientras quien la ejecute sea un empresario, en vez del Estado al que siempre aspiran manejar los socialistas.